¡Organízate y lucha!
17 de marzo de 2026
Redactado por Modesto Blanco Sánchez
El 30 de marzo el pueblo palestino conmemora el 50º aniversario del “Día de la Tierra” en memoria de las seis personas asesinadas por el ejército israelí durante las protestas por las continuas confiscaciones de tierras palestinas. Ese día de 1976, en Galilea, la región norteña de Palestina, limítrofe con el Líbano, la decisión del gobierno israelí de confiscar 20.000 dunams (2.000 hectáreas) de tierras de propiedad palestina fue respondida por la sociedad civil con la convocatoria de una huelga general y manifestaciones de protesta, ampliamente secundadas, cuya represión se saldó con el asesinato de seis personas palestinas (con ciudadanía israelí) por parte del ejército y la policía sionistas. Desde entonces esa fecha simboliza la lucha del pueblo palestino por la defensa de su territorio y sus legítimos derechos a la autodeterminación y al retorno de las personas refugiadas; es decir, por el fin de la colonización, la limpieza étnica y el apartheid.
El sionismo, como proyecto colonial europeo, tiene como objetivo la eliminación de la identidad nacional palestina para construir un Estado judío étnicamente puro en el que la población autóctona no tenga cabida: el pueblo palestino estorba, es prescindible; por tanto se le animará a emigrar voluntariamente, se le presionará, se le expulsará con violencia y en último extremo, como estamos comprobando en Gaza, se le eliminará.
La proclamación del Estado judío en Palestina, en 1948, implicó la expulsión violenta de gran parte de la población palestina autóctona, hecho que conocemos como la Nakba (“catástrofe”): 750.000 personas obligadas a abandonar sus hogares, campos y ciudades para convertirse en refugiadas a las que Israel
niega, a ellas y a sus descendientes, su legítimo derecho al retorno, contraviniendo las normas del derecho internacional. Pero Israel no consiguió expulsar a todo el pueblo palestino: 160.000 personas resistieron los ataques violentos y permanecieron en su tierra, dentro de las fronteras del nuevo Estado judío que ocupaba colonialmente el 78% de Palestina. Esta población y sus descendientes sufrieron hasta 1966 un régimen de ocupación militar que los trataba como enemigos carentes de derechos.
Más tarde, en 1967, Israel culminó su proyecto colonial con la ocupación de la totalidad del territorio de Palestina controlando militarmente Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este. Una nueva expulsión de población palestina afectó a 300.000 personas destinadas a engrosar los numerosos campos de personas refugiadas repartidos por Cisjordania, Gaza, Jordania, Líbano y Siria.
No obstante, dentro del Estado sionista se mantuvo una importante minoría palestina que ha ido creciendo hasta alcanzar en la actualidad la cantidad de dos millones de habitantes (el 20% de la población de Israel). Tienen ciudadanía israelí, pero no los mismos derechos que la población judía, la única comunidad con derecho a la nacionalidad, puesto que la Ley del Estado-Nación de 2018 define constitucionalmente a Israel como el “hogar nacional del pueblo judío”, que goza en exclusiva del derecho a la autodeterminación en ese territorio. Israel es el único estado del mundo en el que la nacionalidad está determinada por la religión.
Todo colonialismo de asentamiento (y el sionista es paradigmático) aspira a la sustitución de la población autóctona por una población colona exógena que responda a las características y a los intereses de las fuerzas imperialistas que dirigen el proyecto. En esta línea, desde su creación, el Estado de Israel ha aplicado en Palestina una política de judaización caracterizada por la sustitución de la toponimia árabe por la hebrea (a menudo inventada), la confiscación de la tierra palestina, la demolición de viviendas y la expulsión de la población originaria. El objetivo es alterar la composición demográfica asentando nuevas colonias en las que instalar la inmigración judía procedente de cualquier lugar del mundo a la que inmediatamente se le concede la ciudadanía israelí en aplicación de la Ley de Retorno de 1950.
La política colonial de judaización fue (y continúa siendo) particularmente intensa en Galilea, donde los ataques violentos de las milicias sionistas no lograron expulsar a la mayoría de la población autóctona. El 60% de la población palestina que tiene ciudadanía israelí reside en Galilea, una región en la que la mayoría de sus habitantes (más del 60%) son de origen palestino, aunque esta proporción se ha ido reduciendo desde el 92% inicial debido a la política de asentamientos coloniales judíos promovida por el régimen sionista. En 1964 crearon en el corazón de Galilea la “ciudad de desarrollo” de Carmiel, en el valle de Beit HaKerem, que conecta al lago de Tiberiades con la costa mediterránea y divide Galilea en dos: Alta al norte y Baja al sur. La decisión gubernamental de expropiar 20 km2 de dos ciudades palestinas próximas para ampliar la colonia judía de Carmiel provocó la reacción de protesta del 30 de marzo de 1976 conocida como el Día de la Tierra, constituida desde entonces como una fecha de referencia para la resistencia frente a la ocupación colonial, el racismo y el apartheid, una lucha en la que confluye la población palestina israelí con la de los territorios ocupados e incluso la que vive en la diáspora.
Localización de Carmiel
Distribución territorial de la población árabe palestina en el Estado de Israel
En la actual situación, cuando el chantaje del “plan de paz” de Trump para Gaza ha hecho desparecer a Palestina de los focos mediáticos, permitiendo a Europa seguir instalada en su cómoda indiferencia, la conmemoración del Día de la Tierra sirve para mantener viva la lucha palestina por la libertad, la igualdad y la dignidad, valores incompatibles con el colonialismo y el racismo. El pueblo palestino, como los demás pueblos del mundo, tiene derecho a ser libre en una Palestina libre del sionismo supremacista que, aliado con el imperialismo trumpista, está poniendo en peligro la paz mundial para intentar apuntalar una hegemonía en decadencia, mostrando un absoluto desprecio por las vidas humanas.
La resistencia palestina contra la colonización y en defensa del territorio, simbolizada en el Día de la Tierra, junto con las demás formas de lucha por la liberación, especialmente la campaña de BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones), constituye un pilar fundamental con el que plantar cara a un imperialismo voraz que siembra el caos por doquier para impulsar sus negocios armamentísticos y apoderarse de unos recursos energéticos cada día más escasos que le permitan mantener una apariencia de dominio mundial crecientemente cuestionado.
Netanyahu está exultante en medio de este caos. Tras arrasar Gaza, continúa su política de limpieza étnica en Cisjordania y Jerusalén Este y bombardea el sur de Líbano por enésima vez. Ha conseguido que Trump se implique en una guerra contra Irán que él y sus aliados de la extrema derecha judía desean desde hace tiempo. Acarician el sueño de un Gran Israel convertido en potencia hegemónica regional en medio de países fragmentados y debilitados, sometidos a su poderío tecnológico y militar, en los que Trump y sus amigos puedan hacer lucrativos negocios.
En este escenario serán el pueblo palestino y la población chií de Líbano quienes continuarán sufriendo las mayores agresiones, por ser el mayor estorbo para la consolidación del proyecto de Gran Israel. Por tanto hoy es más necesaria que nunca la solidaridad con Palestina y con los demás pueblos agredidos por la violencia imperialista. La lucha por los legítimos derechos del pueblo palestino, simbolizada en el Día de la Tierra, es también la lucha de todos los pueblos de Asia occidental por liberarse de la agresión sionista-trumpista y de las tiranías y dictaduras que los oprimen y poder alcanzar así una libertad política y social en beneficio de la mayoría de la población, la que nunca provoca las guerras y la que más sufre sus consecuencias.
VIVA EL DÍA DE LA TIERRA PALESTINA
VIVA PALESTINA LIBRE DESDE EL RÍO HASTA EL MAR