¡Organízate y lucha!
12 de diciembre de 2025
Redactado por Modesto Blanco Sánchez
Israel es el primer exportador mundial de dátiles de variedad medjool. La producción se concentra en el valle del Jordán. Las marcas más conocidas son Jordan River, Jordan Plains y Jordan Valley.
El río Jordán es la frontera oriental de Palestina y discurre por una profunda depresión de orientación Norte-Sur hasta su desembocadura en el mar Muerto, a una altitud inferior a 400 metros bajo el nivel del mar. Estas condiciones naturales determinan un clima cálido y árido muy adecuado para el cultivo de la palmera datilera, compensando la escasez hídrica con el uso de agua residual tratada, el riego por goteo y otras innovaciones tecnológicas, todo lo cual contribuye a una producción agrícola de gran rendimiento destinada en gran medida a la exportación, principalmente a Europa. La venta de esta variedad de dátiles de alto precio constituye una importante fuente de ingresos para los cultivadores y para la economía israelí.
El problema es que esos dátiles no pueden venderse como un producto israelí, puesto que son cultivados en un territorio que no pertenece legalmente a Israel. El curso bajo del río Jordán, donde se localizan la mayoría de las plantaciones de palmeras, hace frontera entre Cisjordania y Jordania. Por lo tanto, esos cultivos se hallan en territorio palestino ocupado ilegalmente por Israel tras la guerra de 1967. Concretamente, el valle del Jordán se ubica dentro de la llamada Zona C (de administración exclusiva israelí), una de las tres zonas en las que se dividió Cisjordania tras los infames Acuerdos de Oslo. La Zona C, que constituye el 60% de Cisjordania y alberga a la mayoría de los asentamientos coloniales ilegales israelíes, está prohibida a la población palestina (excepto a la mano de obra que necesitan para trabajar) y de hecho ha sido anexionada por el Estado sionista.
El derecho internacional considera que la comercialización de productos de territorios ocupados es contraria a las leyes internacionales. Aunque la Unión Europea no reconoce la soberanía israelí sobre los territorios ocupados y exige que los productos de allí sean etiquetados como tales y no como procedentes de Israel, en la práctica hace la vista gorda ante esta injusticia y sigue manteniendo el acuerdo comercial preferencial con el Estado ocupante, que incumple las normas y viola los derechos humanos con impunidad.
España ha prohibido la importación de productos procedentes de asentamientos israelíes en territorios palestinos ocupados, pero sabemos que esa normativa se queda en agua de borrajas si esperamos que la administración la haga cumplir. Tiene que ser la ciudadanía responsable, solidaria con los pueblos oprimidos, la que ejerza presión negándose a consumir los productos de un Estado basado en la desposesión colonial, el apartheid y el genocidio. La campaña de BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) indica un camino adecuado para poner fin a la complicidad con una economía basada en el expolio y el saqueo de los recursos de sus legítimos dueños.